Hace años falleció mi tía Luisa, hermana de mi padre.
Para contarte algo de ella sólo puedo echar mano a mi experiencia y decirte que una vez estábamos en su cortijo de Granada y cuando le dije que me encantaba la poesía ella sacó un libro y empezó a recitar a León Felipe:
**¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
y el retrato de un mi abuelo
que ganara una batalla.**
Luisa murió en el hospital tras algunos meses de apagarse lentamente y acompañada en esa travesía de su marido, mi tío Rafa.
Si te tuviera que contar algo de mi tío Rafa te contaría que una vez paseando por el pueblo me lo encontré a sus 80 años en un bar rodeado de amigos y con un montón de niños alrededor escuchando atentamente yo qué sé lo que estaría contando.
Muy pocos meses después de morir Luisa, Rafa se casó de nuevo, esta vez con Raquel.
Si te tuviera que contar algo de Raquel, te contaría que una vez en el cortijo pregunté:
**¿Qué son esas bolsas gigantes?**
—
**Ahí se guardan las almendras, ¡llévate una!**
Bien, cuando Rafa se casó de nuevo escuché a algunas personas decir si no era muy pronto.
Si no era muy precipitado.
Yo tardé años en comprender que mi tío se casó con Raquel porque así, exactamente así, se casan los ricos.
Mira, cuando un rico conoce a una mujer de valor extraordinario, tras pensarlo y meditarlo, con valentía y coraje le pide matrimonio.
Ya ha dejado atrás las dudas.
Ya ha atravesado los miedos.
No tiene miedo al compromiso pues sabe que el compromiso le lleva a donde él quiere estar.
Cuando el rico se casa con una mujer, no piensa ni en la posibilidad de que el matrimonio vaya a fracasar.
Se casa con ella como si fuera la única mujer de la tierra.
En la mente del rico, él piensa que se casa para toda la vida.
En su mente, quema los barcos.
En su mente, es su último matrimonio.
Y sí, si el matrimonio fracasa él se volverá a casar y volverá a pensar, una vez más, que esta vez SÍ es la correcta.
Volverá a tener ilusión, volverá a llenarse de emoción, volverá a ser como ese adolescente miedoso acercándose al premio ganador.
El pobre mira al pasado pensando siempre en su exmujer.
El rico, cuando pierde a su mujer, esa que amó hasta el último minuto y tras llorar unos pocos días, vuelve a ocuparse en lo que le queda por vivir.
El pobre mira a su mujer pensando si no habrá otra mejor a quién escoger.
El rico mira a su mujer dándole toda su atención hasta hacerla florecer.
Cuidando a su rosa como si fuera lo más importante que puede hacer.
El pobre se centra en el pasado.
El rico se centra en el presente.
El rico sabe que esta es la única manera aceptable de vivir, eligiendo cada cosa que elige como si fuera la única posible que él puede elegir.
Y es que así, exactamente así, se casan los ricos.
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