Observa con atención al hombre que hace bien su trabajo y crecerás.
Eso es todo.
Hace años descubrí un placer inmenso en el hecho de pagar a un hombre para observar cómo hace lo que hace.
Descubrí el casi orgiástico placer de pagar a un tío por un libro poco común, de pagar a un fontanero, de pagar a un entrenador personal o a un maestro de Yoga o a un albañil, de pagar a una mujer que limpia en casa, de pagar a una músico y su violín, de pagar a un osteópata o un programador o un notario, de pagar a cualquier persona que hace algo intentándolo hacer bien.
Descubrí que una de las mejores forma de gastar dinero es comportándote como un mecenas, pagando a otros para que puedan hacer lo que hacen y de la forma en que lo hacen.
Ayudando al universo a seguir creándose y expandiéndose pues, paradójicamente, pagándole a ellos te pagas a ti. .
Tengo el recuerdo de pequeño de entrar a una antigua alfarería en un pueblo perdido de Granada y quedarme embobado viendo cómo un tío construía con sus manos una figura ayudado por sus manos, sus pies, el agua, el torno de madera y sus miles de horas de experiencia.
Es curioso, pero por entonces no sabía que estaba presenciando a Dios hacer su trabajo.
Creo que esto me terminó de hacer clic un día hará cuatro años que contraté a unos electricistas para arreglar algo en mi casa y me di cuenta de no estaba pagando por el trabajo que me estaban haciendo sino por el arte que estaban creando, por la concentración / disciplina / vibración / conocimiento que estaban expresando.
En lugar de dejarme un cuadro en la pared me dejaban un cuadro de luces.
Lo vi claro por primera vez en mi vida. No había diferencia entre dar dinero a una artista para que me pintara un cuadro que en dar dinero a un electricista para que instalara unos cables o a un organizador de retiros para que guiara personas a superar sus miedos.
Todo era lo mismo: era dar mi energía para crear algo.
Ayer en Alicante me invitaron a comer a su casa unos clientes de un retiro Ricos y Libres y durante horas tuve la sensación de haber pagado una mentoría.
A veces, en algunos hombres, en algunas circunstancias, cuando tienes la suerte de ver operar un hombre de cerca y cuando tú sabes cómo mirar, cuando entras durante un rato en su intimidad, cuando ves su forma de cocinar, su forma de hablar a su mujer, su forma de manejar el dinero, su forma de hablar de las inversiones, sientes que estás presenciando una especie de obra maestra a la que sólo puedes admirar y aprender de ella.
Cada segundo con él haces una comparación mental entre donde crees que está él y donde crees que estás tú y a menudo la comparación sale desfavorable, y es que ayer comprobé una vez más que una de las mejores situaciones en las que se puede encontrar un hombre es cuando frente a otro hombre se siente entre perdido estúpido y niño, pues es ahí donde puede observar lo que aún le queda por mejorar.
Hace casi 7 años, cuando compré aquel curso en papel a Isra Bravo por 195 €, no sabía que lo que en realidad estaba haciendo era presenciar a otro hombre hacer su trabajo, y que con el simple hecho de verlo y admirarlo y respetarlo yo empezaba a estar preparado para poder hacerlo —si es eso lo que quería—.
Me di cuenta de que a menudo pagamos a otros hombres para hacer aquello que nos creemos incapaces de hacer nosotros, y que cuando pagamos lo hacemos, entre otra razones, para meternos durante un rato en su vida a ver cómo lo hacen.
Como pidiendo permiso al creador para verle actuar.
Como viendo si nosotros estamos listos también para crear.
Retiro Ricos y Libres 21º edición. https://www.ricosylibres.com/retiros/
24, 25, 26 abril 2026
500 € si reservas antes del 5 de enero a las 10 a.m.
550 € si reservas después.
**Don Juan y yo nos hicimos amigos, y a lo largo de un año le hice innumerables visitas. Su actitud me daba mucha confianza y su sentido del humor me parecía excelente; pero sobre todo sentía en sus actos una consistencia callada, totalmente desconcertante para mí. **
**Experimentaba en su presencia un raro deleite y, al mismo tiempo, una desazón extraña. Su sola compañía me forzaba a efectuar una tremenda revaluación de mis modelos de conducta. **
**Me habían educado, quizá como a todo el mundo, para tener la disposición de aceptar al hombre como una criatura esencialmente débil y falible. Lo que me impresionaba de don Juan era el hecho de que no destacaba el ser débil e indefenso, y el solo estar cerca de él aseguraba una comparación desfavorable entre su forma de comportarse y la mía.**
Acaso una de las aseveraciones más impresionantes que le oí en aquella época se refería a nuestra diferencia inherente. Con anterioridad a una de mis visitas, había estado sintiéndome muy desdichado a causa del curso total de mi vida y de cierto número de conflictos personales apremiantes. Al llegar a su casa me sentía melancólico y nervioso. Hablábamos de mi interés en su conocimiento, pero, como de costumbre, íbamos por sendas distintas:
**yo me refería al conocimiento académico que trasciende la experiencia, mientras él hablaba del conocimiento directo del mundo.**
Una realidad paralela. Carlos Castañeda